"Representación en la tierra de la divinidad"

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Conocimientos básicos sobre la "Alquimia"

La antigua Alquimia: "Madre de todas las ciencias".
La antigua alquimia tenía tanto que ver con el dominio de uno mismo como con el dominio de las leyes físicas de la naturaleza. Este dominio exigía paciencia, observación y, sobre todo, devoción, estos alquimistas en un principio se denominaban "artistas" o "filósofos" para que luego tome independecia como Alquimia y se convierta en la base de la química, la metalurgia, la física, la medicina, la astrología, la semiótica, el misticismo, el espiritualismo y el arte. Un antiguo alquimista, Juan de Rupescisia, escribió en el siglo XIV que la alquimia es «el secreto del dominio de fijar el Sol en nuestro propio cielo, para que brille allí y arroje luz, y el principio de la luz, sobre nuestros cuerpos».
Disolver la membrana. Los antiguos alquimistas buscaron disolver la barrera entre la realidad que ellos veían que era una ilusión, y lo imaginario que pensaban que era real.

Para descubrir este secreto, los alquimistas tenían que aprender a dominar el arte de disolver todas las barreras de la separabilidad. Entre estas barreras se contaban, sobre todo, todas las ideas o conceptos que apuntaran a una distinción sensorial entre el «allí fuera» y el «aquí adentro». Por tanto, la membrana más notable que tenían que disolver era la que separaba la mente de la materia. Aspiraban a aclararse a sí mismos la invalidez de la distinción entre el mundo real y el mundo imaginal. Para ello, tenían que descubrir el modo de pasar de manera consciente y voluntaria de uno de los reinos al otro. Esta tarea no era sencilla a causa de la ley de la inercia.

La filosofía de un alquimista:
Los alquimistas veían los mundos superior e inferior como analogías de los mundos interior (personal) y exterior (externo), de lo que hoy llamamos lo subjetivo y lo objetivo. En nuestra nueva alquimia, estos mundos están conectados por líneas de relato múltiples, por historias de posibilidad relacionadas con la idea de la física cuántica de los caminos de acción. Resulta que podemos alterar estas líneas de relato con sólo que nos arriesguemos a plantarnos cara al embaucador en cada uno de los puntos del camino.
Tres fueron los objetivos fundamentales que persiguieron los alquimistas segun muchos investigadores. Por un lado intentaron la transformacion de metales innobles, como el plomo y el cobre en metales preciosos (transmutación), como la plata y el oro. Además, trataron de crear una sustancia que fuera capaz de curar todas las enfermedades. Finalmente se aplicaron a descubrir el elixir de la inmortalidad, es decir, la estructura perfecta de la materia, llegando esta a ser indestructible; la santidad.
Todo se resumía en la búsqueda de la piedra filosofal, considerada como la única sustancia capaz de conseguir la transmutacion, la panacea universal y la perfección de la materia. La creencia más extendida afirmaba que esta sustancia, puesta en un metal innoble como el hierro, mediante el proceso de fusión, sería transformada e oro.

Aunque para muchos investigadores, este concepto es solo un significado espiritual mas no superficial. El oro representa a nuestro corazón, y la piedra filosofal al alma.
La ley secreta de la resistencia: la inercia:
Para los alquimistas, la inercia no sólo llenaba aparentemente el mundo exterior, tendiendo a mantener las cosas en sus lugares respectivos y separados, sino que también llenaba el mundo interior del pensamiento y de la percepción, tendiendo a hacerles aceptar como hecho objetivo aquello que podía repetirse una y otra vez. El mismo Isaac Newton, que también era alquimista, descubrió el principio universal de la inercia, que lo llevó a formular las leyes mecánicas objetivas del movimiento.
Para conseguir la ruptura que supone superar la inercia mental se precisa una manera nueva de pensar. Con una forma nueva de pensar aparecen maneras nuevas de evaluar lo que pensamos. Y con estos nuevos instrumentos de evaluación surgen nuevas formas de sentir. Cuando hablo de «sentir» no me refiero a lo que se percibe por el sentido del tacto. Uso el término con el significado que le daba Carl Jung. Sentir significa pasar por un devenir asegurado y duradero, ser conscientes de una vivencia «aquí dentro» a lo largo del tiempo, pero sin ser conscientes del tiempo que dura este sentir; ser conscientes, a lo largo de un período de tiempo, de un tipo o cualidad concreta de un estado físico, mental o emocional. La cualidad duradera de un sentimiento tiene una importancia extrema en lo que sigue.
Cuando te ha surgido una nueva manera de sentir acerca de tus pensamientos, empiezas a percibir el mundo «allí fuera» con ojos nuevos: de manera creativa, informativa, nueva; como un niño. Con el surgimiento de nuevas sensaciones iluminadas, empiezas a tener intuiciones más profundas. Estas intuiciones surgen en forma de ideas, nociones, predicciones del futuro o reevaluaciones del pasado. Aparecen en forma de visiones. Y cada pensamiento nuevo instituye un ciclo. El ciclo recorre unas fases, como las del Sol y la Luna, del pensar al sentir, del sentir al percibir, del percibir al intuir, y ahí vuelve a comenzar el ciclo. La repetición del ciclo forma una energía vibratoria que se repite físicamente en el cuerpo. Si no hay nada que lo interrumpa, constituye un recuerdo al que se puede acceder, como quien acude a un barril de cerveza a llenar su jarra.
De esta manera cíclica se forman todos los recuerdos, se estabilizan todas las impresiones en forma de «hechos», se forman todas las opiniones sobre el mundo y todas las opiniones sobre ti mismo en ese mundo. Cuando se interrumpe el ciclo, cuando se disuelve su hábito adictivo, comienza un nuevo ciclo. Como se verá, el ciclo completo tiene todo lo necesario para pasar a formar parte de la realidad: tiene inercia, tiene resistencia y si se alimenta de ciclos energéticos que están en fase con él, se desarrolla y vive. Si se desarrolla y vive sin trabas, se convierte en un arquetipo y posee al usuario con tanta seguridad como un demonio poseería a un filósofo medieval empeñado en penetrar en los secretos de Dios, cueste lo que cueste.
Un secreto así se revelaba continuamente a los antiguos alquimistas y los poseía. Se les aparecía en sueños o les surgía en sus pensamientos cuando ellos revolvían la materia en sus laboratorios. Recibían un atisbo de que lo que pasaba aquí, en la Tierra (en el mundo inferior), estaba vinculado con lo que pasaba en los cielos (el mundo superior), y de que lo que tenía lugar en el mundo interior de la psique transforma el mundo exterior de las estrellas, las personas, los lugares y las cosas. Habían visto cómo podía transformarse la información en materia. Y habían visto lo inverso. Habían discernido el principio de la vida y la muerte. Se habían aventurado en el vacío y habían traspasado la membrana de la inercia.
El misticismo antiguo y la ciencia moderna:
Podríamos considerar que estos antiguos místicos estaban errados. Quizás lo estuvieran, en el sentido de que no conocían la ciencia moderna. Pero en lo que respecta al principio esencial vida/muerte, daban en el clavo, hablando desde el punto de vista científico. Un mundo imaginal abstracto interior tenía que ejercer un efecto de causación sobre el mundo material exterior, y viceversa. Lo que es abajo es como lo que es arriba. Lo que es afuera es como lo que es adentro. Los estados soberanos de lo imaginal y de lo real están conectados entre sí estrechamente.
Este hecho de la naturaleza, que se sospechaba desde hacía mucho tiempo pero que se dudó y se enterró, vuelve a salir a la superficie en esta era basada en la ciencia a la que llamamos «era de la información». Nos conduce a una visión nueva de la realidad; a una visión en que la realidad imaginal, subjetiva o virtual de la ciencia y la realidad física, exterior u objetiva de la materia están vinculadas entre sí inseparablemente. Como veremos en seguida, este vínculo trasciende el tiempo y el espacio.
Dado que este vínculo es exterior al reino espacio-temporal, muchas personas inteligentes creen que la respuesta al acertijo de la relación entre el mundo exterior de la sustancia y el mundo interior del conocimiento no se encuentra en el mundo de la ciencia, sino que debe buscarse únicamente en el mundo metafísico de la espiritualidad. No obstante, y tal como veremos aquí, estos dos mundos están unidos entre sí, fuera del espacio y del tiempo, para constituir una visión del mundo única, constituyendo una unión tan íntima como la del propio espacio y el tiempo en la teoría de la relatividad de Einstein-Minkowski. Están vinculados tan estrechamente como la mente y la materia, como lo real y lo imaginal. La mente no está en el cerebro; el cerebro no está en la mente. Podemos concebirlos, en cierto sentido, como dos países fronterizos, o como regiones o hemisferios del mundo. Desde perspectivas separadas, cada uno puede considerarse como si estuviera contenido por el otro. Desde el exterior, aparecen como una unidad.
Aun actualmente nos resulta difícil creer que el mundo imaginal ejerce un efecto de causación sobre el mundo real. Por otra parte, nos cuesta poco trabajo creer que el mundo material influye sobre el mental. Al fin y al cabo, sabemos que las drogas y los medicamentos que alteran la mente pueden hacer cambiar los estados de ánimo, hacer que el dolor se disipe aparentemente e incluso aliviar las enfermedades. La medicación puede transformar el cerebro de una persona que padece esquizofrenia de manera que produzca una mente de funcionamiento aparentemente normal.

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